Habías de decirme algo una vez. Habías de ayudarme sonriente a encontrar una de, anheladas, mil respuestas. Habíamos de hablar cosas eternas. Un recuerdo que, perene, me mantiene, a veces, despierto.
No existe tu presencia más, ni tu voz se podrá volver a escuchar, en este finito sistema.
Creo que otra vez te veré. No será con los mismos ojos que ahora, constantemente, divisan imperfección y vanidad. Te miraré con unos nuevos. No sé si será entonces como solía ser, pero no tengo miedo. Porque tal vez será aún mejor. No tengo miedo porque tu esperanza fue la misma que, vehementemente, hoy guardo y miro en tus recuerdos. No tengo miedo.
martes, 31 de mayo de 2011
Amigo
lunes, 30 de mayo de 2011
De una canción
Si el silencio fuera más profundo creo que podría tocar el fondo de aquel umbral. No hay muchas palabras pero hay un sin fin de cosas que expresar. Hay demasiados pensamientos por retratar.
Muchos días estan entre nosotros. Las noches son más bellas porque se puede contemplar el infinito que, tal vez sin planearlo, trae a la mente recuerdos o simplemente vagas razones que algún día, sin saberlo, tendrán valor. Muchos puentes y horas. El olor de la obscuridad es, probablemente, interminable.
Tal vez tú tengas razón. Sin embargo, ¿Qué importa que apariencia tengo? ¿A quién le podrá acaso resultar, en lo más mínimo, intersante o imprescindible?
Pero, entonces ¿Quién soy yo para opinar de forma homóloga sobre tí?
El quid del asunto no es siquiera ese.
Causas para salir y caminar aquellos días, no existen suficientes. Motivos para cruzar los puentes y pasar esas horas hay un millón. Sueños, muchos más.
jueves, 19 de mayo de 2011
Confesiones de un marciano adolecente.
Peor aún, debo permanecer en casa cada que, por sobra de oxígeno, mis músculos faciales junto con mi esofago se tensan de tan deliberdada forma que no puedo parar de reir inapropiadamente, a veces. Toda esta sociedad me consume con su endémica ficticia e hipócrita seriedad. Y para sumar una pena a mi desdichada exstencia en este terrible lugar. Cuando se supone que debo reir, el sonido tan terriblemente agudo de las personas riendo me ocasiona un dolor insoportable en todo mi cuerpo, especialmente en las piernas lo cual me obliga a tomar una posición más cómoda, que algunos considerarían falta de respeto, y no permite que ría junto con mis aompañantes tratando de encajar en el patrón social, pretendiendo ser afectado por lo que ellos llaman: presión social.
No pienso permanecer un día más aquí. Me largo