Habías de decirme algo una vez. Habías de ayudarme sonriente a encontrar una de, anheladas, mil respuestas. Habíamos de hablar cosas eternas. Un recuerdo que, perene, me mantiene, a veces, despierto.
No existe tu presencia más, ni tu voz se podrá volver a escuchar, en este finito sistema.
Creo que otra vez te veré. No será con los mismos ojos que ahora, constantemente, divisan imperfección y vanidad. Te miraré con unos nuevos. No sé si será entonces como solía ser, pero no tengo miedo. Porque tal vez será aún mejor. No tengo miedo porque tu esperanza fue la misma que, vehementemente, hoy guardo y miro en tus recuerdos. No tengo miedo.
martes, 31 de mayo de 2011
Amigo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario