martes, 28 de junio de 2011

Sólo en tu cruz

Hay algo que puede, infalible, darme gozo. Existe algo que, invariable, trae verdad porque eso mismo es verdad. No es una de muchas falsas verdades, es la única verdad.
Si la culpa del pecado me destruye, si la fuerza de la tentación es cruel y parece inabatible, sólo en tu cruz hay descanso, sólo en tu cruz.
Sólo en tu cruz, amado Señor, hay gracia y paz. Es la muestra más grande de infinito amor.
Mi carne astuta me quiere engañar, el pecado me hace cruenta lucha librar. Parece, a veces, que, impotente no podré triunfar. Mas sólo en tu cruz mi carne muerta está.
Sólo en tu cruz hay misericordia, sólo en ella encuentro reposo a mi terrible depresión. Regreso a ella buscando perdón. Regreso a ella y encuentro salvación. La sangre de tu cruz me da reconciliación con, misericordioso, Dios. Por eso sólo en tu cruz siempre, Jesús, me gloriaré. Porque sólo en ella hallé perdón.
Dios en ella su gracia demostró y al más grande de todos los pecadores, al más incapaz de todos los muertos, al más débil de todos los hombres, y al más impío de todos los necios, por su infinita misericordia, le plació salvar.

Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo.
Gálatas 6:14

Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y a este crucificado.
1 Corintios 2:2